sábado, 24 de marzo de 2012

Podrán arrancar 30 mil flores, pero no detendrán la primavera.

En este 36 aniversario de la Dictadura Militar proponemos no olvidar nunca el terror que hemos vivido como pueblo. El terror de la tortura, la persecución, los desaparecidos; y también el de las nefastas consecuencias del modelo social y económico con que cada familia fue golpeada desde entonces. Como dicen las Madres de Plaza de Mayo: Ni olvido ni perdón.
Pero no sólo eso: mucho más nos interesa recordar a los hombres y mujeres que fueron desaparecidos por querer construir un país más justo e igualitario. Hombres y mujeres que allá por los años 60 y 70 lucharon por una vida más digna y por derechos concretos que aún hoy siguen sin cumplirse para muchos de nosotros.
Sólo mediante el secuestro y la tortura en centros clandestinos de detención y el asesinato de aquellos 30 mil hombres y mujeres fue posible imponernos un modelo económico afín a las exigencias y los intereses de los grandes grupos económicos y las empresas multinacionales.
La dictadura fue el resultado de un acuerdo de objetivos estratégicos entre torturadores y empresarios. Por un lado, cortaron de cuajo el proceso de luchas y experiencias acumuladas durante décadas por un pueblo que crecía en conciencia y combatividad, y que caminaba firme hacia un proyecto de liberación. Por otro, mientras se diezmaba su resistencia, caían sobre el pueblo las consecuencias del robo sistemático de la economía del país, el crecimiento de la deuda externa, el masivo desempleo, la miseria planificada, etc.
Lo mismo pasaba en toda Latinoamérica, años antes, años después. Estados Unidos, sus empresas, sus bancos, sus agentes, prepararon especialmente para la “guerra sucia” a los militares que dieron los golpes de Estado y masacraron a toda una generación militante que en Uruguay, Chile, Perú, Bolivia, Brasil y Argentina no estaba dispuesta a que sigamos sometidos por los intereses extranjeros. Fue un genocidio planificado a nivel político y económico para tenernos sometidos al miedo y a la dependencia por muchos años, en todo un continente, y cuyas consecuencias se siguen extendiendo en esta realidad que nos toca vivir hoy.

¿Y hoy? ¿Qué hacemos nosotros con esta historia de miedo y también de lucha que heredamos? ¿Qué pensamos, cómo actuamos, qué proponemos? Nuestro nunca más no sólo mira al pasado y dice “Nunca más dictadura y terrorismo” sino que es un mensaje a futuro. De los desaparecidos no quedará el llanto eterno por su ausencia sino la concreción de sus ideas y sus actos en nuestras propias ideas y actos. Es decir, su vida, no su muerte. El ejemplo de su militancia cotidiana. Las luchas sindicales, barriales, por derechos concretos. La extensa y profunda participación, la organización frente a gobiernos que no representan los intereses del pueblo.



…nunca más haya un pibe con hambre,

…nunca más una familia sin techo,

…nunca más pibe sin educación,

…nunca más el flagelo de la desocupación,

…nunca más el ataque a  cualquier intento de organización popular,

…nunca más el saqueo de los bienes naturales,

…nunca más “tragedias” prevenibles como Cromañón y Once que matan a nuestro pueblo mientras se llenan los bolsillos de empresarios,

…nunca mas la violación cotidiana de nuestros derechos humanos básicos como la salud, la educación, la vivienda y el trabajo.



DONDE HAYA INJUSTICIAS SEGUIREMOS RESISTIENDO

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